CUANDO EL PODER LE TEME AL MEME

  • ….Cuando el gobierno tiene la piel muy delgada.

POR JESÚS FLORES ALMAGUER

Ciudad Madero, Tamaulipas.- LA llamada “Ley Antimemes” en Tamaulipas provocó algo que pocas iniciativas consiguen en estos tiempos: que ciudadanos, activistas y usuarios de redes sociales se preguntaran hasta dónde pretende llegar el poder cuando se trata de regular lo que la gente dice, publica, comparte o critica.

“POR FORTUNA, ALGUIEN APRETÓ EL FRENO”

EL activista Eduardo ”Soel” Cruz Leos expresó su inconformidad y planteó una pregunta que merece ser escuchada: ¿por qué los legisladores están poniendo tanta atención en lo que los ciudadanos publican en internet mientras persisten problemas mucho más urgentes?

EN Ciudad Madero, por ejemplo, los ciudadanos siguen enfrentando reclamos cotidianos relacionados con calles deterioradas, enormes baches, aguas negras y servicios públicos deficientes. Es ahí donde muchos se preguntan si la agenda legislativa está respondiendo a las necesidades más apremiantes de la población.

“PORQUE EL PROBLEMA NUNCA FUERON LOS MEMES”

EL problema aparece cuando una legislación mal planteada puede convertirse en una puerta para castigar expresiones que, aunque incómodas, forman parte de la conversación pública.

UN meme puede ser una broma. Puede ser una parodia. Puede ser una crítica. Puede ser una exageración. Puede ser incluso de mal gusto.

PERO también puede decir en diez segundos lo que un ciudadano lleva años intentando decirle al poder.

Y ahí está el verdadero punto de esta discusión.

¿HASTA dónde puede llegar un gobierno para proteger derechos sin terminar restringiendo otro derecho fundamental: la libertad de expresión?

LA polémica creció ante las versiones sobre sanciones económicas millonarias y penas de prisión vinculadas con la difusión de determinados contenidos digitales. Y aunque una cosa es combatir conductas que realmente lesionen derechos y otra muy distinta es perseguir la crítica, la preocupación ciudadana no puede despacharse con un simple “no entendieron la reforma”.

PORQUE la gente sí entiende algo perfectamente: cuando una autoridad comienza a establecer castigos sobre lo que puede circular en internet, inmediatamente surge una pregunta legítima: ¿quién va a decidir qué se puede decir y qué no?

EL activista Eduardo “Soel” Cruz Leos puso sobre la mesa otro asunto que tampoco debería ignorarse.

MIENTRAS se discute cómo sancionar contenidos en redes sociales, en las calles de Tamaulipas los ciudadanos siguen reclamando servicios públicos deficientes, calles deterioradas, baches y problemas de infraestructura.

Y aquí aparece una pregunta incómoda para el Congreso:

¿NO debería la prioridad ser resolver los problemas que la gente enfrenta todos los días?

PORQUE resulta difícil explicarle a una familia que espera mejores servicios públicos que el Estado tiene tiempo y recursos para perseguir el contenido que circula en Facebook, TikTok o cualquier otra plataforma.

NO se trata de decir que todo vale en internet.

NO.

LA libertad de expresión tampoco significa carta blanca para cometer delitos.

LA propiedad intelectual debe protegerse. Los derechos de terceros deben respetarse. Y las conductas que realmente constituyan delitos deben ser investigadas y sancionadas conforme a la ley.

PERO una cosa es eso y otra muy diferente es convertir el humor, la sátira o la crítica política en terreno minado.

LOS artículos 6 y 7 constitucionales no están de adorno. Protegen libertades esenciales para cualquier democracia: expresar ideas, difundir información y hacer crítica.

Y aquí está la paradoja:

LOS gobiernos que aceptan los aplausos pero se incomodan con la crítica no entienden cómo funciona una democracia.

EL poder público está permanentemente expuesto al escrutinio ciudadano. Los funcionarios pueden ser cuestionados. Los legisladores pueden ser criticados. Los gobernantes pueden ser objeto de sátira.

Incluso pueden ser víctimas de un meme.

Y sí, seguramente habrá memes injustos, exagerados y hasta ofensivos.

PERO la respuesta democrática no puede ser que cada expresión incómoda termine bajo la amenaza de una multa o de una denuncia.

PORQUE cuando el ciudadano empieza a preguntarse si publicar una crítica puede meterlo en problemas, el debate deja de ser sobre memes.

Entonces estamos hablando de libertad.

POR eso la discusión debería servir para algo más que generar titulares.

Que se revise la reforma.

QUE se corrija lo que tenga que corregirse. Que se protejan los derechos que realmente necesitan protección.
Pero que quede algo muy claro:

EL ciudadano no tiene que pedir permiso al poder para cuestionarlo.

Y si un funcionario no soporta un meme, quizá el problema no esté en el meme.

QUIZÁ el problema sea que alguien en el poder olvidó que, en democracia, también se gobierna bajo la mirada y bajo la crítica de los ciudadanos.

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