Por. JESÚS FLORES ALMAGUER
LAS acusaciones lanzadas por el alcalde de Piedras Negras, Jacobo Rodríguez, contra el gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez Salinas, no son un asunto menor ni un simple intercambio de declaraciones. Cuando un presidente municipal señala abiertamente que el gobierno estatal está “metiendo las manos” en su administración, lo que se pone en juego es algo más profundo: la línea que separa la coordinación institucional de la intervención política.
SEGÚN el alcalde, desde el ámbito estatal se habría operado para incorporar al ingeniero José Luis Salinas a una estructura del gobierno estatal, justo cuando el municipio lo consideraba para encabezar el Sistema Municipal de Aguas y Saneamiento de Piedras Negras. Si esto ocurrió como lo describe el edil, el mensaje político es claro: anticiparse para desactivar decisiones municipales.
“En política, las coincidencias rara vez son casualidad”
EL problema de fondo no es el nombre del funcionario ni el cargo en disputa. El verdadero problema es la percepción de control político. En muchos estados del país —y Coahuila no es la excepción— el poder estatal suele extender su influencia sobre los municipios, ya sea mediante recursos, operadores políticos o decisiones administrativas que terminan condicionando la autonomía local.
POR eso las palabras de Jacobo Rodríguez adquieren peso. No solo cuestionan una decisión específica, sino que ponen sobre la mesa una vieja discusión: si los municipios gobiernan realmente con independencia o si, en los hechos, siguen orbitando alrededor del poder estatal.
DEL otro lado, el silencio del gobernador Manolo Jiménez Salinas también habla. En política, callar puede ser una estrategia para evitar amplificar el conflicto, pero también puede interpretarse como una forma de no entrar a un debate que podría escalar.
EL riesgo es evidente. Cuando las diferencias entre niveles de gobierno se trasladan al terreno público, la política deja de ser coordinación y se convierte en confrontación. Y en ese escenario, quienes terminan atrapados en medio no son los actores políticos, sino las instituciones y los ciudadanos.
PORQUE más allá de esta disputa puntual, el fondo del asunto es otro: si los gobiernos municipales pueden tomar decisiones sin presiones externas o si, como muchas veces ocurre en la política mexicana, las decisiones locales terminan definiéndose desde otras oficinas.
PIEDRAS Negras hoy no solo enfrenta una polémica administrativa. En realidad está viviendo algo más familiar en la política del país: la disputa por quién manda realmente.
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