COLOSIO Y EL LLAMADO DEL ORIGEN

EN política, los tiempos no se anuncian: se huelen. Y en el Senado ya comienza a percibirse ese aroma a despedida anticipada alrededor de Luis Donaldo Colosio Riojas.

EL joven senador, nos dicen, anda con prisa. No es casualidad que esté apretando el paso para cerrar pendientes en la Comisión de Derechos Digitales que preside. Cuando un político empieza a ordenar papeles y afinar discursos, casi siempre es porque el siguiente movimiento ya está decidido. Y todo apunta a que el suyo tiene coordenadas claras: Sonora, 2027.

LO lógico —dirán algunos— sería que buscara la gubernatura de Nuevo León, donde ha construido buena parte de su carrera reciente. Pero la política no siempre obedece a la lógica territorial; a veces responde al peso de la historia. Y en este caso, la historia tiene nombre y apellido.

IR por Sonora no es sólo una decisión estratégica. Es una apuesta simbólica. Es volver a la tierra que marcó el origen de un apellido que todavía resuena en la memoria política nacional. Es, también, intentar construir un proyecto propio bajo la sombra inevitable de un legado que no se hereda, pero sí se invoca.

COLOSIO dejaría libre el camino en Nuevo León y buscaría consolidar una candidatura donde el apellido tiene arraigo emocional y donde, aseguran sus cercanos, las condiciones políticas podrían alinearse a su favor. No es un movimiento improvisado; es una jugada calculada con varios años de anticipación.

LA pregunta no es si competirá. La pregunta es si logrará que el electorado vea en él algo más que la evocación de su padre. Porque en política la memoria ayuda, pero no alcanza.

Y en 2027, Sonora no votará por un recuerdo. Votará por una propuesta.

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