Por: Alma Cárdenas
¿Se imagina usted vivir con una maleta preparada junto a la puerta de su casa, con documentos personales, medicamentos, alimentos enlatados, agua y una linterna, por si mañana ocurre una catástrofe?
Lo que hace algunos años parecía una escena de película hoy forma parte de las recomendaciones de preparación ante emergencias que se difunden en distintos países. Y aunque estar prevenidos siempre ha sido una medida responsable, hay algo que merece nuestra atención: el miedo que comienza a instalarse silenciosamente en la mente de las personas.
Vivimos tiempos en los que las noticias sobre guerras, amenazas internacionales, fenómenos naturales, crisis económicas y posibles emergencias llegan a nuestros teléfonos a cualquier hora. Apenas terminamos de escuchar una información preocupante cuando aparece otra que parece todavía más alarmante.
Y entonces surge una pregunta inevitable: ¿realmente estamos frente a un peligro inmediato o estamos permitiendo que la incertidumbre nos robe la tranquilidad?
La preparación ante una emergencia no es nueva. Durante generaciones, las familias han guardado documentos importantes, medicamentos y provisiones para enfrentar huracanes, inundaciones, terremotos o cualquier situación inesperada.
Lo diferente ahora es la velocidad con la que circulan los mensajes y la facilidad con la que una advertencia preventiva puede convertirse, en las redes sociales, en el anuncio de una tragedia inminente.
Basta que alguien publique un video asegurando que algo terrible está por suceder para que miles de personas lo compartan sin verificar su procedencia. Algunos comienzan a comprar alimentos en exceso, otros imaginan escenarios catastróficos y muchos transmiten su angustia a sus hijos.
Así se alimenta lo que popularmente llamamos psicosis colectiva, aunque no necesariamente se trate de una enfermedad mental, sino de un fenómeno de miedo y ansiedad compartidos que pueden extenderse entre las personas.
Y aquí debemos tener mucho cuidado.
Porque una cosa es prevenir y otra muy distinta vivir esperando permanentemente una desgracia.
No podemos permitir que nuestros niños crezcan pensando que el mundo está a punto de terminar, ni que nuestros adultos mayores vivan angustiados por acontecimientos que quizá nunca ocurran.
Tampoco debemos ignorar las recomendaciones oficiales. Tener una mochila de emergencia, resguardar nuestros documentos y conocer las medidas de protección civil puede salvar vidas. Lo importante es comprender que prepararse no significa que una catástrofe sea inevitable.
Las autoridades tienen la responsabilidad de informar con claridad, explicar los riesgos reales y evitar mensajes ambiguos que puedan provocar confusión. Los medios de comunicación también debemos actuar con responsabilidad, porque una noticia mal interpretada puede multiplicar el temor de miles de familias.
Pero nosotros, como ciudadanos, tenemos otra responsabilidad: aprender a distinguir entre una recomendación preventiva, una información confirmada y un rumor alarmista.
No todo lo que circula en internet es verdad. No toda advertencia anuncia una tragedia. Y no todo lo que imaginamos terminará sucediendo.
La vida ya tiene suficientes preocupaciones cotidianas como para añadirle el peso de desastres que solamente existen en nuestra imaginación.
Preparar una maleta puede ser una decisión inteligente. Vivir emocionalmente dentro de ella, esperando el momento de salir huyendo, es algo completamente distinto.
Sigamos disfrutando de nuestra familia, de nuestros proyectos, de una conversación tranquila, de una tarde de convivencia y de las pequeñas alegrías que nos regala cada día.
Porque el futuro siempre tendrá incertidumbres, pero el presente es lo único que verdaderamente tenemos en nuestras manos.
Que la prevención nos encuentre preparados, pero que el miedo nunca nos encuentre derrotados.
Y recuerde: podemos tener una maleta lista para cualquier emergencia, pero no debemos permitir que nuestra mente viva permanentemente en estado de alarma. Porque de nada sirve prepararnos para sobrevivir al mañana si, por miedo, dejamos de vivir el hoy… ¿no cree usted?