HAY historias que no comienzan con una denuncia formal, sino con una conversación de WhatsApp.
Y cuando esas conversaciones aparecen vinculadas a un personaje como Sergio Carmona Angulo, asesinado en noviembre de 2021 y señalado públicamente como “El Rey del Huachicol”, el asunto deja de ser una simple relación personal para convertirse en una pregunta política de mayor alcance: ¿hasta dónde llegó la red de relaciones de Carmona con políticos de Morena y qué papel jugó en ella el senador tamaulipeco José Ramón Gómez Leal?
EL proyecto de investigación “Narcopolíticos” comenzó a revelar esta semana conversaciones atribuidas a los teléfonos de Carmona, recuperados después de su asesinato. De acuerdo con la información difundida, autoridades estadounidenses habrían obtenido una extracción de cientos de páginas de conversaciones y llamadas, con contactos de alrededor de un centenar de números relacionados con políticos mexicanos.
Entre esos contactos aparece JR.
Y no aparece como un desconocido.
LOS mensajes difundidos muestran un trato de confianza: “compadre”, reuniones, referencias a personas que ambos conocían y hasta una petición para disponer de un “papalote”, término utilizado en esas conversaciones para referirse a una aeronave. También aparecen referencias a Reynosa, Monterrey y Culiacán.
“Aquí comienza lo verdaderamente delicado”
PORQUE una cosa es conocer a un empresario y otra muy distinta es lo que pudiera desprenderse del contenido de las conversaciones. Los mensajes, por sí mismos, no demuestran que José Ramón Gómez Leal haya participado en actividades ilícitas. Pero sí muestran una relación cercana que merece ser explicada públicamente, sobre todo cuando el interlocutor era un empresario posteriormente vinculado por investigaciones periodísticas con redes de contrabando de hidrocarburos y financiamiento político.
"JR ya respondió"
RECONOCÍO que conoció a Sergio Carmona, pero afirmó que nunca tuvo conocimiento de que estuviera involucrado en actividades relacionadas con el comercio ilegal de hidrocarburos. También cuestionó que se formulen señalamientos contra una persona fallecida que ya no puede defenderse.
ES una explicación que tendrá que contratarse con los documentos.
“Porque las preguntas ya están sobre la mesa”
¿Qué significaba realmente “El Humo” en esas conversaciones?
¿Quiénes eran “los amigos”?
¿Quién era “el señor” al que se hacía referencia?
¿A quiénes se referían cuando hablaban de “los 1”?
¿Para qué se solicitaba el avión?
¿Y qué relación tenían esas reuniones con los procesos electorales de Tamaulipas y Sinaloa?
EL propio investigador Miguel Meza ha advertido que algunas de sus interpretaciones sobre las personas mencionadas en clave no aparecen expresamente en los fragmentos difundidos, por lo que esas identidades deben considerarse hipótesis y no hechos comprobados.
Ese matiz es fundamental.
Porque el verdadero escándalo no necesita exageraciones.
Los mensajes ya plantean suficiente.
TAMBIÉN aparece otro elemento que puede ser todavía más importante: la posible existencia de una red política alrededor de Carmona, con contactos que alcanzarían a alcaldes, diputados y senadores de Morena, además de otros personajes de distintos niveles de gobierno. Las investigaciones difundidas apuntan a presuntos vínculos con operaciones políticas y financiamiento de campañas, aunque esas acusaciones requieren ser acreditadas con documentos, testimonios y evidencias financieras.
Y aquí está el verdadero punto de fondo:
Si Carmona financió campañas, ¿quién recibió el dinero?
¿Cuánto dinero circuló?
¿Por qué conductos?
¿Quiénes lo solicitaron, quiénes lo entregaron y quiénes lo recibieron?
¿Hubo funcionarios que facilitaron operaciones a cambio de apoyo político?
PORQUE si las autoridades estadounidenses realmente poseen los teléfonos, las bitácoras de vuelo, registros financieros, comunicaciones y testimonios de personas cercanas a Carmona, entonces el asunto no puede quedarse en una guerra de declaraciones políticas.
Tiene que llegar hasta donde llegue la evidencia.
EL caso también coloca nuevamente bajo la lupa a Tamaulipas, una entidad donde las fronteras entre política, negocios, poder económico y redes criminales han sido objeto de investigaciones durante años.
SERGIO Carmona fue asesinado en San Pedro Garza García. Su muerte terminó convirtiéndolo en una pieza central de investigaciones sobre el llamado huachicol fiscal y sus posibles conexiones políticas.
Ahora aparecen sus conversaciones.
Y las conversaciones tienen memoria.
LO que durante años pudo parecer un rumor, una fotografía, una reunión o una relación de amistad, puede adquirir otra dimensión cuando aparecen mensajes, registros y documentos.
PERO también hay que ser cuidadosos: tener una conversación con Carmona no convierte automáticamente a nadie en delincuente.
LA investigación seria tendrá que determinar qué hubo detrás de esas conversaciones.
ESO es precisamente lo que las autoridades —mexicanas y estadounidenses— tendrían que aclarar.
PORQUE si solamente estamos ante relaciones personales, que lo demuestren.
PERO si detrás de los mensajes existió una red para financiar campañas, mover dinero, facilitar negocios ilícitos o utilizar estructuras políticas para proteger intereses criminales, entonces estamos hablando de algo mucho más grave:
NO de un escándalo de WhatsApp, sino de una posible estructura de poder.
Y esa estructura, si existió, no puede investigarse por colores partidistas.
NI Morena puede esconderse detrás de la palabra “persecución”.
NI sus adversarios pueden convertir cada mensaje en una sentencia.
Los documentos deben hablar.
Los teléfonos deben hablar.
Los vuelos deben hablar.
El dinero debe hablar.
Y, sobre todo, quienes aparecen en esas conversaciones tendrán que explicar qué hacían, con quién se reunían y por qué necesitaban los servicios del llamado “Rey del Huachicol”.
PORQUE esta historia apenas comienza.
Y quizá los WhatsApps de Sergio Carmona no sean el final de una investigación.
QUIZÁ sean apenas la puerta de entrada.
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