Por: Dr. Fco. Javier Segura López
En el marco de las recientes declaraciones de la dirigencia nacional del SNTE, donde se califica como una “utopía” la demanda histórica de derogar la Ley del ISSSTE de 2007, resulta imperativo realizar un análisis sobre el rumbo que ha tomado nuestra organización sindical.
La claudicación de la lucha histórica
Para el magisterio de base, la Ley del ISSSTE no es un concepto teórico; es una realidad que ha mermado nuestras pensiones y precarizado nuestra seguridad social. Calificar de “innecesaria” su derogación no solo es una lectura técnica discutible, sino una afrenta a miles de trabajadores que ven en las cuentas individuales un retiro incierto. Al renunciar a la exigencia de abrogar esta ley, la dirigencia nacional abandona su mandato principal: la defensa irrestricta de los derechos laborales.
El conflicto de intereses en la cúpula
Es difícil ignorar que la postura del sindicato coincide plenamente con los intereses del Estado. La simultaneidad de funciones entre el liderazgo sindical y escaños en el Poder Legislativo crea un conflicto ético evidente. ¿A quién se le rinden cuentas? ¿A los maestros que exigen justicia social o a la disciplina partidista que demanda estabilidad fiscal? La percepción generalizada es que el SNTE ha pasado de ser un contrapeso necesario a un gestor de las políticas gubernamentales.
La crisis de credibilidad
La pérdida de confianza de las bases no es gratuita. Surge del sentimiento de orfandad institucional. Cuando un líder llama “ilusos” —por acción u omisión en el discurso— a quienes mantienen viva la esperanza de un sistema solidario de pensiones, rompe el vínculo de identidad con sus representados. La credibilidad no se recupera con discursos, sino con la coherencia entre las necesidades del aula y la voz en la tribuna.
Conclusión
Como trabajadores de la educación, nuestra palabra es nuestro valor. No buscamos utopías, buscamos dignidad. Este análisis no es un ataque, es un recordatorio de que un sindicato que no cuestiona al poder termina por ser parte de él, dejando a sus agremiados a la deriva. La historia y los maestros juzgarán si esta dirigencia estuvo a la altura del desafío o si simplemente cumplió con una consigna ajena al bienestar magisterial. Por D.en E. Fco. Javier Segura López.