ENTRE EL ORGULLO Y EL MIEDO

LAS guerras suelen verse lejanas cuando aparecen en la televisión o en los titulares internacionales. Parecen conflictos de otros países, de otros gobiernos, de otros intereses. Pero a veces esas historias cruzan fronteras y terminan tocando la puerta de nuestras propias comunidades.

HOY esa realidad tiene nombre: Valeria Avendaño, una joven de apenas 20 años originaria de Laredo, graduada de la preparatoria United South, que hace solo un año decidió servir en la Marina. Hoy se encuentra a bordo de un buque destructor de misiles en medio de una de las zonas más tensas del mundo.

MIENTRAS los analistas hablan de estrategias militares y de movimientos de flotas, en casa de su familia la guerra se vive de otra forma: en silencio, en la incertidumbre y en las noches sin dormir.

SU madre, Rosario Mendoza, lo describe con una honestidad que estremece: tiene miedo de dormirse. No porque el cansancio no exista, sino porque teme despertar y encontrar en su celular una noticia que cambie su vida para siempre.

“Yo tengo miedo de dormir… porque no quiero despertarme y ver que algo pasó”, dice.

VALERIA cumple una misión técnica: detectar submarinos, objetos peligrosos en el mar y posibles minas. Una labor crucial en un escenario donde cualquier error puede escalar un conflicto. Su buque navega en una zona estratégica entre Irán e Israel, como parte de la flota naval estadounidense.

PERO detrás del uniforme, de los radares y de la disciplina militar, sigue siendo una joven que hace poco celebraba su graduación de preparatoria. Una hija, una amiga, una integrante más de una comunidad que hoy sigue su historia con preocupación y orgullo.

PORQUE así son las historias que rara vez vemos completas: mientras el mundo discute geopolítica, en muchas casas se libra otra batalla, la de la espera.

La espera de una llamada.
La espera de un mensaje.
La espera de saber que todo está bien.

Y para una madre, esa puede ser la guerra más larga de todas.

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