POR JESÚS FLORES ALMAGUER
REYNOSA, Tamaulipas, no es solo una ciudad que suma años a su historia; es una ciudad que ha aprendido a convivir con la frontera. A 277 años de su fundación, cada aniversario abre la puerta a una reflexión más profunda: ¿qué significa realmente vivir en un territorio donde dos países se miran todos los días?
EN la frontera, la vida cotidiana suele ser más poderosa que la política.
mientras los discursos cambian y los gobiernos se renuevan, las comunidades siguen encontrándose. Reynosa y Hidalgo, Texas, lo saben bien. Separadas por el río Bravo, pero unidas por el comercio, las familias, la cultura y una dinámica social que hace imposible ignorar al vecino.
BAJO el liderazgo del alcalde Carlos Peña Ortiz, Reynosa se proyecta hoy como una ciudad pujante, dinámica, que entiende el valor estratégico —y humano— de su condición fronteriza. Ser frontera no es solo geografía; es identidad. Significa intercambio constante, diálogo permanente y una relación cotidiana con Estados Unidos que va más allá de lo institucional.
EN ese contexto, el tradicional Abrazo entre Alcaldes adquiere un significado especial. No es un simple acto protocolario dentro de la agenda cívica. En la frontera, los símbolos pesan. Y este gesto —que este año cumple 50 años de celebrarse— representa medio siglo de voluntad por mantener abiertas las puertas de la cooperación.
EL próximo 6 de marzo, en las inmediaciones del Puente Internacional Benito Juárez, el alcalde de Reynosa, Carlos Peña Ortiz, y el mayor de Hidalgo, Texas, Sergio Coronado, volverán a encontrarse. Será un gesto breve, quizá sencillo, pero profundamente simbólico.
PORQUE mientras en otros espacios la palabra “frontera” suele usarse para hablar de separación o conflicto, aquí se insiste en entenderla como un punto de encuentro.
AHÍ está, quizá, la verdadera esencia de Reynosa: una ciudad que ha crecido entre dos realidades y que ha aprendido que tender puentes siempre será más inteligente que levantar muros.
Y a veces, en medio de la complejidad de la política internacional, un abrazo público entre alcaldes basta para recordarlo.