(Segunda de dos partes)
Esta es la segunda y última parte de esta colaboración en la que hablaremos sobre el libro de la Presidenta intitulado “Diario de una Transición Histórica”. Hace una semana escribimos en relación con la fotografía de la portada y el prólogo del libro que, por cierto, muchas señales nos arrojaron para entender a la primera mujer, a la Doctora Claudia Sheinbaum Pardo, que hoy por hoy dirige el gobierno de nuestro país en una coyuntura histórica verdaderamente compleja. Bueno, hoy abordaremos algunos aspectos que nos parecen muy relevantes para dimensionar el perfil de quien manda en México y tiene bajo su responsabilidad el destino de toda la nación mexicana. Veamos: En el capítulo “Un poco de mi historia” nos dice la Presidenta “en mi casa, la política era un tema cotidiano” y señala el involucramiento familiar y de sus padres en diversos frentes tanto académicos como laborales y, por supuesto, estudiantiles; también nos comparte algunas lecturas y autores (John Womack y Adolfo Gilly) que hacía en la etapa universitaria y que sin duda es en esa etapa de nuestras vidas donde se refuerzan nuestras convicciones ideológicas y se fortalece nuestra cosmovisión personal; además, destaca su participación activa para conformar el Consejo Estudiantil Universitario. Esa parte del libro es, desde mi punto de vista, fundamental ya que refleja la cosmovisión de la Presidenta, entendida como ese conjunto de opiniones y creencias que conforman la imagen o concepto general del mundo que tiene una persona respecto a una época a partir de la cual interpreta su propia naturaleza y la de todo lo existente. James Sire, autor estadounidense muy respetado (The Universe Next Door , Apologetics Beyond Reason y Discipleship of the Mind), ve a la cosmovisión como los compromisos y la orientación fundamental de una persona respecto a la realidad.
Nos relata como inicio y evolucionó su relación con el expresidente Andrés Manuel López Obrador y una parte que estimo conviene rescatar es que narra cuando en un restaurante en San Ángel, en el primer encuentro con AMLO recién electo Jefe de Gobierno de la CDMX le pregunta de manera directa y “al grano” ¿Sabes cómo bajar la contaminación? a lo que a hoy Presidenta contestó “Creo que sí” y después comentar que se incorporó al gobierno de la Ciudad de México remata ese párrafo diciendo “Así comenzó todo”; es decir, que fue enfrentando un problema real y mayor de la gran metrópoli -la contaminación- y haciéndose cargo de la solución del mismo como comienza una etapa profesional en ascenso que la llevaría a la más alta responsabilidad política nacional. A partir de ahí en el libro se detallan muchos episodios que denotan su presencia y posición firme y permanente al lado de AMLO, pero uno que me parece muy simbólico es cuando puntualiza que “ …, López Obrador me propuso coordinar la construcción de casas del movimiento de transformación en todo el país. Se trataba de centros donde pudiera sembrarse organización, informar, escuchar y convocar a la actividad política” y en seguida, al hablar de la invitación de AMLO para fundar al partido MORENA señala: “a mi me correspondió la Declaración de Principios”. Así entenderemos que la Presidenta es una mujer que sabe del trabajo de territorio, con las bases, en las colonias y en los barrios; ella conoce lo que significa la organización social y comunitaria y es importante destacar que, en el plano ideológico, jugó un papel protagónico en la construcción de MORENA como partido político consolidando precisamente uno de los pilares que motivan, impulsan y sostienen al movimiento hoy en el poder: Los Ideales y los Principios.
En otro espacio del libro, la Presidenta Claudia Sheinbaum narra la transición de gobierno después de haber logrado un resultado electoral contundente y espectacular y, textualmente, afirma que “nunca en la historia del país se había visto una transición como esta. Ni siquiera en los viejos tiempos del priísmo. En el pasado, el presidente electo solía marcar distancia de su antecesor, trazar un nuevo rumbo. Esta vez no fue así, no hacía falta. Porque formamos parte de un mismo proyecto de transformación”. Ya en la página 204, cuando habla del acto de la Toma de Posesión como Presidenta de la República, la Presidenta señala dos cosas, a mi gusto, muy reveladoras: primero, nos dice que en la elección presidencial el 2 de junio ella votó por Ifigenia Martínez -quien le entregó la banda presidencial- porque “para mi, ella es mujer de lucha y consecuencia” y; segundo, recalca que “es un honor servir a mi pueblo y a mi patria. Nuestros adversarios políticos y la oligarquía quisieran que me deslindara de Andrés Manuel López Obrador, que no lo llamara ‘presidente’. Pero ese deslinde no ocurrirá, y tengo razones para ello: porque respeto a quien ha entregado su vida a la transformación de nuestro país, porque lo admiro con convicción, porque el pueblo al que me debo quiere legitima y genuinamente a AMLO y, finalmente, porque reconocer al otro engrandece al ser humano, inicia el segundo piso de la Cuarta Transformación y en ello se nos va hasta el último suspiro y esfuerzo”. Entonces, la Presidenta Claudia Sheinbaum es una mujer de lealtades firmes que tiene referentes morales muy claros y que los hace públicos, lo cual en política adquiere un valor mayúsculo. Después de ese apartado ya pasa al discurso de toma de protesta que todos conocemos y esa es la parte final del libro. Por eso, nosotros decimos que “el que tenga oídos, que oiga (Mateo 13;9-15).